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Eso me gustó, pues las visitas suelen dedicarle poca atención; lo toman por un viejo pariente. Yo acechaba su reacción y observé que sonreía a medias al sentarse: una mueca juvenil, de conejo al cabo de la calle; de esas que captan de inmediato la.Corso hizo un gesto de asentimiento, invitándome a pronunciar veredicto. Sin la menor duda -dije- esto es de Alejandro Dumas, padre. El vino de Anjou : capítulo cuarenta y tantos.A cada color correspondía una escritura distinta, aunque la del papel azul -trazada con tinta negra- figuraba en las hojas blancas a modo de anotaciones posteriores a la redacción original, cuya caligrafía era más pequeña y picuda.El vino de Anjou El lector debe prepararse para asistir a las más siniestras escenas. (E. Sue. Los misterios de París ) Me llamo Boris Balkan y una vez traduje. La Cartuja de Parma. Por lo demás, las críticas y recensiones que escribo salen en.Corso era un profesional. Por ahí. Un cliente de un cliente. Comprendo. Hizo una corta pausa, cauto. Además de precaución y reserva, cautela significa astucia. Y eso lo sabíamos ambos. Claro que -añadió- le diré nombres si usted me los pide.El tecleo punteaba la voz monótona del juez y los comentarios en voz baja de los policías moviéndose por la habitación: - En pijama, con un batín por encima. El cordón de esa prenda causó la muerte por ahorcamiento.El agente de las huellas digitales se levantaba con el libro en las manos. -Es curioso lo de esa página. El policía alto se encogió de hombros. -Yo leo poco -dijo-. Pero el tal Porthos era uno de esos personajes, no?Eso incluye los dedos sucios y el verbo fácil, buenos reflejos, paciencia y mucha suerte. También una memoria prodigiosa, capaz de recordar en qué rincón polvoriento de una tienda de viejo duerme ese ejemplar por el que pagan una fortuna.Quizá sea cierto -concedió tras aparente reflexión, y entonces puso el manuscrito sobre la mesa, en su carpeta de casino de ruleta achat 3d protectora con fundas de plástico, una por página-. Y es una coincidencia que haya mencionado a Dumas.Al apartarse, el juez se ladeó para esquivar a un policía uniformado que, bajo el cadáver, buscaba huellas digitales. Había un jarrón roto en el suelo y un libro abierto por una página subrayada con lápiz rojo.Athos, Porthos, Aramis y D'Artagnan -contaba con el pulgar sobre los dedos de una mano y al concluir se detuvo, pensativo-. Tiene gracia. Siempre me he preguntado por qué se les llama los tres mosqueteros, si en realidad eran cuatro.Colgaba inmóvil de una lámpara en el centro del salón, y a medida que el fotógrafo se movía a su alrededor, accionando la cámara, la sombra provocada por el flash se recortaba sucesivamente sobre cuadros, vitrinas con porcelanas, estanterías con libros, cortinas abiertas sobre grandes.


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