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La ranura de la barra en línea


La ranura de la barra en línea

Y viceversa -matizó tranquilo el otro. -Qué opina de las manos y la corbata? -A veces temen arrepentirse a última hora De otro modo las tendría atadas a la espalda. -Eso no cambia las cosas -opuso el juez-.El agente de las huellas digitales se levantaba con el libro en las manos. -Es curioso lo de esa página. El policía alto se encogió de hombros. -Yo leo poco -dijo-. Pero el tal Porthos era uno de esos personajes, no?Todo se sabe! -Todo se sabe al fin -repuso Porthos, que nada sabía. Hizo que el secretario tomase nota de aquello, ordenó incluir el libro en el sumario, y fue a reunirse con un hombre alto que fumaba junto al alféizar de una ventana abierta.Eso incluye los dedos sucios y el verbo fácil, buenos reflejos, paciencia y mucha suerte. También una memoria prodigiosa, capaz de recordar en qué rincón polvoriento de una tienda de viejo duerme ese ejemplar por el que pagan una fortuna.Había sacado de alguna parte, escamoteando el paquete, un cigarrillo sin filtro tan arrugado como su viejo gabán y sus pantalones de pana. Le daba vueltas entre los dedos, observándome a través de las gafas de montura de acero torcidas sobre la nariz; con el.Para eso están los tipos como Corso. Se descolgó del hombro una bolsa de lona y la puso en el suelo, junto a sus zapatos Oxford sin lustrar, antes de quedarse mirando el retrato enmarcado de Rafael Sabatini que tengo sobre la mesa de despacho.Se rascó una ceja, calculando sin duda hasta qué punto la información que iba a pedirme lo obligaba a corresponder con este tipo de detalles. El resultado fue una tercera mueca, esta vez de conejo inocente.


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