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Sala de juego de la máquina de


Sala de juego de la máquina de

Buenos Aires. Cementerio de la Chacarita. Contiguo al muro del Panteón Oficial de la Asociación Argentina de Actores, ha ido creciendo -como si de una hiedra se tratase- una mutual anexa de figuras menores del espectáculo.
También me interesó esta curiosa máquina que me recordó algunos hechizos que mis profesores de física intentaron explicarme (en vano).
A mediados de los ochenta, el brillante artesano John Badham dirigió. Juegos de Guerra, una brillante aventura juvenil que reflexionaba sobre la Guerra Fría y los avances tecnológicos de su época, la década de los ochenta, que reflejaba tanto los vericuetos del llamado relato de.
El primero, mucho más crecido desde la reciente La invención de Hugo, se introduce en todos los recovecos del personaje y, como diría el propio Ender, llega a amarlo incluso en sus facetas más oscuras.
La máquina idiota (Argentina) Cementerio de la Chacarita. Allí un orden repetido, recurrente los enfila. La Sala.
El joven actor, además, obliga a Harrison Ford a alejarse por primera vez en bastantes años de esa interpretación hastiada a la que nos tiene acostumbrados, y genera una dialéctica -la compleja relación maestro-discípulo- de la que surgen los mejores momentos de una aventura triste.
Crítica: El Juego de Ender, con Harrison Ford. La juez de Podemos increpa a un empleado por no abrirle la sala VIP del aeropuerto.
Lo que en los ochenta resultaba una dinámica, alegre pero tensa escalada de aventuras para todos los públicos, contada como si de una partida de ajedrez entre niño y máquina se tratase, en esta ocasión -signo de los tiempos- toma forma de tortuoso camino de.




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